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Adriana Llabrés brilla con su reto más intenso

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Adriana Llabrés está viviendo uno de los momentos más sólidos de su carrera. El estreno de Psicópata, el asesino del conejo blanco no solo la pone en el centro de la conversación, también confirma su evolución como actriz en un terreno mucho más exigente: el thriller psicológico.

Y lo hace sin perder algo clave: el disfrute del proceso.

Un proyecto que llegó en el momento justo

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La película apareció en una etapa de cambio personal y profesional. Después de varios proyectos importantes, Llabrés encontró aquí un espacio para ir más allá.

No se trataba solo de actuar, sino de entender.

“Aprendí mucho desde la investigación del personaje y desde la psicología”, ha compartido, dejando claro que este papel le exigió mirar hacia adentro tanto como hacia el guion.

Un personaje complejo, sin clichés

En la cinta, interpreta a una mujer marcada por un trauma infantil cuya mente se fragmenta como mecanismo de defensa.

El punto clave: no caer en lo típico.

El equipo apostó por representar el trastorno de identidad disociativo desde un enfoque realista. Para lograrlo, la actriz trabajó con especialistas en psiquiatría.

La idea era clara: no mostrar “personalidades separadas”, sino distintas formas en las que una misma persona se relaciona con el mundo.

Un reto físico y emocional

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El trabajo no se quedó en lo psicológico.

Llabrés también se sometió a entrenamiento físico, incluso con referencias a disciplinas como la UFC, para construir una corporalidad creíble.

El personaje no solo piensa distinto… también se mueve distinto.

Ese equilibrio entre fuerza física y contención emocional se convierte en uno de los pilares de su interpretación.

Menos exageración, más verdad

Uno de los mayores desafíos fue evitar la sobreactuación.

En lugar de hacer cambios radicales entre “identidades”, Llabrés optó por algo más sutil:

  • Pequeños gestos
  • Variaciones mínimas en la expresión
  • Cambios internos más que externos

“Había que frenar lo espectacular para mantener la verdad”, explica.

Y ahí está uno de los mayores aciertos del proyecto.

Un universo entre lo real y lo fantástico

La película no se queda solo en lo psicológico.

También construye un mundo visual con tintes oníricos, inspirado en referencias como Alicia en el País de las Maravillas.

Esa mezcla permite abordar temas duros como la violencia y la supervivencia desde una narrativa más simbólica, sin perder tensión.

Una carrera en ascenso

La trayectoria de Adriana Llabrés ya venía en crecimiento.

Con Todo el silencio, obtuvo:

  • El premio “El Ojito” en el Festival Internacional de Cine de Morelia
  • El Ariel a Mejor Actuación Femenina

Reconocimientos que la colocaron como una de las actrices más sólidas de su generación.

Apuesta por el cine mexicano

Con Psicópata, el asesino del conejo blanco, Llabrés no solo asume un reto actoral, también reafirma su compromiso con el cine nacional.

Su apuesta es clara: contar historias que conecten con el público local, pero que también tengan eco universal.

Un paso firme en su carrera

Este proyecto no es uno más.

Es el tipo de papel que marca etapas, que exige más y que deja huella.

Y en ese camino, Adriana Llabrés demuestra que está lista para asumir personajes cada vez más complejos… sin perder lo más importante: la verdad en pantalla.

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